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Torreón

Yo pensé que era una gripe diferente: lagunero con COVID-19

Aunque en primera instancia no creía en la enfermedad, ahora está en aislamiento, en espera de los resultados que descarten el padecimiento

GUADALUPE MIRANDA E IVÁN CORPUS / EL SIGLO DE TORREÓN
TIJUANA, BAJA CALIFORNIA, domingo 24 de mayo 2020, actualizada 8:55 am

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A más de 2 mil kilómetros de casa, lejos de su familia en La Laguna y únicamente con el apoyo de una amiga, "Miguel" lucha contra el COVID-19, virus que desconoce dónde lo contrajo pero que le hizo creer que la pandemia que tiene en jaque al mundo entero es una realidad.

Su nombre se cambió ya que su familia no sabe que contrajo el coronavirus SARS-Cov2, causante del COVID-19. Lo mantiene en secreto para no preocupar sobre todo a su madre y al resto de sus familiares.

"Miguel" vive en Tijuana, Baja California, estado que reporta más de 3 mil casos confirmados y más de 500 muertes por el virus. Es lagunero pero hace meses se mudó a aquella ciudad fronteriza, donde asegura que la gente sigue haciendo su vida con normalidad, pues son pocas las prevenciones que se han tomado para evitar más casos.

Hace casi un mes recibió la confirmación por parte de un laboratorio privado que cuenta con certificación de la Secretaría de Salud de aquel estado, y desde entonces se encuentra aislado. Dice que solo ha salido en cuatro ocasiones, con las medidas de sanidad necesarias y por mera necesidad. Entre esas salidas acudió a un centro médico y al laboratorio donde se realizó la prueba.

UN DOLOR DE PECHO

En entrevista, "Miguel" relata que fue un dolor de pecho lo que lo alertó, así como la dificultad que tenía para respirar.

"Estuvo raro, yo seguí acudiendo al trabajo. No me dieron cuarentena hasta que ya me empecé a sentir mal. Lo primero fue un dolor en el pecho, así como si no pudiera respirar. Luego después, un domingo en la noche, me dio temperatura bien cañón, casi 40 grados", cuenta aún agitado al hablar.

Al tercer día un médico infectólogo lo consultó vía Zoom y le ordenó unas radiografías de tórax, así como realizarse una prueba para descartar o confirmar COVID-19.

"Yo pensé que era una gripe diferente. No pensé que fuera COVID. No me dolía la garganta, solo me dolía el pecho como cuando se te atora comida así. Pero sí te tumba la temperatura bien cañón casi tres días".

El miércoles siguiente se realizó la prueba. No fue fácil, dice. Para ello, contó con el apoyo de su empresa. Primero le comentó a su jefe a quien le contó que se sentía mal y le pidió se realiza la prueba, ellos la costearon. El costo fue de 3, 240 pesos.

"La prueba para empezar no es en un laboratorio. Te pasan como si fueras por una hamburguesa de Carl´s Junior, como un drive thru (autoservicio). Primero te meten como un cotonete (hisopo) de acero inoxidable por la nariz hasta la garganta. Sí duele, hasta te hace llorar el ojo. Te meten otro cotonete pero en la garganta es lo único que te hacen. Tú en tu carro, no te bajas te metes a un toldo todo cerrado", explicó.

Días después enviaron los resultados por correo electrónico así como al médico. "Él me dijo que era positivo y dije: 'ah su mecha ¿cómo?' Antes no me morí. Porque te ataca los pulmones un chorro de partes. No creía porque me iba a pasar, a mi trabajo iba y venía. Soy medio descuidado, me agarro la cara y así. Tiene mucho que ver".

NO SABE DONDE SE CONTAGIÓ

Miguel no sabe dónde lo pudo haber contraído. "En algún Oxxo o cuando me corté el cabello, a lo mejor ahí", dijo, pues rechaza que haya sido en su trabajo, pues el único caso que se tenía como sospechoso, se descartó.

Al tener su diagnóstico de COVID-19 en sus manos, el miedo llegó. "Dices: me voy a morir o qué. Le pregunté al doctor qué va a pasar y me dijo: lo más difícil ya lo pasaste que fue la temperatura, ahorita estás bien".

Reconoce que al conocer el diagnóstico positivo, los síntomas aparecen de inmediato. "No puedes respirar, todo es más mental", dice.

Gracias a su buena condición física, pues a sus 36 años siempre se ha dedicado al deporte, no tuvo complicaciones. Una nueva radiografía de tórax lo confirmó.

Durante cinco días se le administró únicamente paracetamol y azitromicina para hacer frente a algunos síntomas como la temperatura elevada.

En su aislamiento, solo una amiga es la que le ayuda. Es ella la encargada de alimentarlo. Él le proporciona el dinero suficiente, y ella, le deja su comida en la puerta de su departamento. Para tomarlos, rocía todo con agua con cloro para desinfectar, líquido con el que también cubre la suela de sus zapatos cada vez que sale de su departamento.

Solo su amiga y su vecino son los únicos que saben de su padecimiento. Su familia no lo sabe, pues teme por la reacción, sobre todo de su madre.

"Yo no le dije a nadie. Nada de apoyo (por parte de las autoridades). Ni cerco sanitario. Nadie sabe. Más que un vecino. Yo traté de mantenerlo lo más hermético posible. Ni mi mamá sabe".

El próximo miércoles, Miguel se someterá a una nueva prueba para saber si el virus se fue o aún sigue albergado en su organismo. No está confiado, sino preocupado, pues aún persiste cierto cosquilleo en su garganta que lo hace dudar de haberse librado del COVID.

DE LA INCREDULIDAD A LA REALIDAD

El joven torreonense se encuentra preocupado por el actuar de los ciudadanos de Tijuana, pues dice se muestran despreocupados.

"Acá sinceramente les vale un carajo. La gente anda en la calle. Sigue cruzando gente de Estados Unidos hacia acá. Infectados o no, uno lo sabe".

También cuando ve las imágenes de sus paisanos que están realizando vida normal, sin ningún tipo de cuidado, le molesta y duele, porque también era incrédulo de la enfermedad. Creía que "era un invento del gobierno", pero ahora que la padece, su perspectiva cambió.

Pero para aquellas personas que aún dudan de la existencia de este padecimiento, "Miguel" les dice: "Es real, que se cuiden, que traten de llevar una vida sana, es real…Vienen cosas peores".

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