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EDITORIAL

Las señales ignoradas del COVID-19

Urbe y orbe

ARTURO GONZÁLEZ GONZÁLEZ
lunes 04 de mayo 2020, actualizada 9:24 am


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El ruido que ha provocado el reparto de culpas por los efectos desastrosos del COVID-19 y la incertidumbre que existe en torno al día después de la pandemia, dificulta la atención a las lecciones que está dejando este fenómeno global iniciado en China. Tanto en el ámbito internacional como en el nacional se observan posturas polarizadas que, dada su estridencia, no nos permiten concentrar los sentidos en un hecho que no se ha repetido lo suficiente: la pandemia de COVID-19 era evitable y hubo advertencias que fueron desatendidas por casi todos los Gobiernos. Y, en medio del choque ideológico y político que este problema sanitario está desencadenando, vemos esbozos de colaboración internacional y nacional, sin duda esperanzadores, pero por ahora insuficientes para, sobre la base de la revisión crítica del pasado reciente, construir modelos de salud pública que garanticen el acceso universal a este derecho humano.

Desde 2008, por lo menos, existieron informes de alto nivel que advertían de la posibilidad del desarrollo de una pandemia similar a la que hoy golpea al mundo. Incluso, a lo largo de este siglo, hemos tenido varias señales de alarma importantes como los brotes epidémicos o pandémicos de SARS en 2003, influenza AH1N1 en 2009 y MERS en 2012; el primero y el tercero provocados por un coronavirus. En 2015, el fundador de Microsoft, Bill Gates, advertía en pláticas y conferencias de los riesgos de una pandemia y de lo poco preparado que estaba el mundo entonces. Todavía la Organización Mundial de la Salud (OMS) meses antes del registro del primer caso de COVID-19 en China, exhortaba a los estados a actuar para prevenir un brote global. Las recomendaciones no fueron atendidas y los sistemas públicos de salud, lejos de ser fortalecidos y alistados, fueron debilitados gradualmente por gobiernos negligentes, para beneplácito de los grandes corporativos privados de salud y las aseguradoras de servicios médicos. Mientras tanto, las condiciones de riesgo para el estallido de la enfermedad seguían su avance: flujo turístico masivo y descontrolado, imparable urbanización en áreas silvestres, deforestación de bosques y selvas, incremento en el consumo de animales exóticos y mantenimiento de un sistema intensivo de producción de proteínas animales para consumo humano.

La mayor evidencia de la falta de preparación de los países para enfrentar una pandemia que, hay que insistir, había sido anunciada con suficiente anticipación y, por lo tanto, era evitable, es el alto porcentaje de contagio entre el personal sanitario. Las escenas se repiten en varios hospitales alrededor del mundo, incluso México, en donde se han registrado brotes que han cobrado ya la vida de trabajadores de la salud, como el caso de Monclova, Coahuila, sólo por citar un ejemplo. Pero también están los problemas derivados de la falta de equipo y otros insumos para atender a los pacientes de COVID-19 que requieren hospitalización. Este hecho, aunado a la saturación de los servicios sanitarios debido al incremento abrupto de casos, ha provocado altos niveles de letalidad en países desarrollados. En este aspecto, llama la atención que México, sin haber entrado en la parte más crítica de la pandemia, cuente con una relación de muertes por casos confirmados (9.3 %) más alta que el promedio mundial (6.9 %), incluso mayor a la registrada en Estados Unidos (5.7 %), actual epicentro de la pandemia, cuyo gobierno ha hecho una desastrosa gestión de la crisis sanitaria.

Frente al panorama de desolación e incertidumbre que ha dejado la enfermedad y la deficiente reacción a la misma, varios gobiernos han asumido la postura de distraer la atención de su responsabilidad culpando a otros de la catástrofe que enfrentan. No obstante, en días recientes se han asomado gestos que a muchos generan esperanza. Uno de ellos es la carta publicada el fin de semana y firmada por los mandatarios de Francia, Italia, Alemania y Noruega y los presidentes de la Comisión Europea y el Consejo Europeo, en la que plasman su intención de construir un frente común global para frenar la pandemia y ayudar a los países menos capaces a salir de ella, con el apoyo de capital privado, principalmente proveniente de las fundaciones Bill y Melinda Gates y Wellcome Trust, esta última vinculada directamente al gigante farmacéutico británico Glaxo SmithKline.

Algo similar ha ocurrido en México con la firma del convenio "Juntos por la Salud", que tiene como objetivo dotar al personal hospitalario de la protección necesaria para atender a los pacientes de COVID-19, y en el que participan Gobierno, iniciativa privada y academia bajo el impulso de la Fundación Mexicana para la Salud (Funsalud).

Sin duda, estos esfuerzos son positivos, pero llama la atención que en ambos estén detrás las grandes empresas sanitarias y farmacéuticas, que en el pasado han gestionado ante los gobiernos medidas para favorecer la participación privada en los sistemas de salud en detrimento de la inversión gubernamental para ampliar la infraestructura del sector público. Por ejemplo, Funsalud fue uno de los principales impulsores del Seguro Popular, tan criticado por el Gobierno del presidente López Obrador que hoy colabora con la Fundación.

El ánimo esperanzador de estos esfuerzos no debe distraernos de tres puntos que debemos tener en consideración. Primero, la responsabilidad de gobiernos que pudiendo hacer algo para prevenir el impacto de esta pandemia, no lo hicieron y, por el contrario, desmantelaron o castigaron al sistema público de salud, muchas veces en beneficio de los intereses privados ya mencionados. Segundo, la transparencia y claridad con la que deben ejecutarse los acuerdos globales o nacionales para que, al final, el beneficio mayor sea para la población, sobre todo para la que menos posibilidades económicas tiene. Y, tercero, el imperativo e impostergable fortalecimiento de los servicios sociales de salud para que el derecho humano a ésta sea en verdad una garantía independientemente del poder adquisitivo de las familias.

Twitter: @Artgonzaga

E-mail: agonzalez@grupopunto.net

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