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EDITORIAL

Blasfemias y blasfemos

Metáfora ciudadana

LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ
sábado 21 de diciembre 2019, actualizada 8:47 am


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La blasfemia es una ofensa, una irreverencia hacia lo considerado sagrado; también puede ser una difamación, injuria o un acto irrespetuoso hacia personas o instituciones; en algunas culturas se castiga con la muerte. Los mexicanos hemos sido objeto de estas a lo largo de nuestra historia, lo mismo desde adentro que del exterior, todos los gobiernos nos han golpeado impunemente, burlándose de nuestra dignidad; ayer sufrimos una expectoración más al defenderse lo indefendible, perdonando un turbio pasado. En su libro "Versos y Blasfemias del Caminante" el bardo español refugiado en México León Felipe, destaca su poema "Yo Soy el gran blasfemo" en el cual realiza críticas sobre actitudes de personajes y acciones gubernativas; creo que ese cantar es aplicable históricamente a México.

"El grito suena bien en el vientre de la cueva…" la figura de un hombre fuerte en el poder ejecutivo ha sido una política tóxica desde el maximato hasta nuestros días; esta ha permitido que una sola voluntad reine en el país, por ello hace ya muchos años que México vive en medio de gritos inaudibles por funcionarios indiferentes que sólo atiende ordenanzas superiores; las continuas violaciones a los derechos humanos quedan enclaustradas y el ciudadano sólo puede entonar salmos y corridos, teniéndose que conformar con la esperanza como único refugio.

"Hay un turno de bridas: él las lleva, tú las llevas, yo las llevo…" la tan esperada alternancia en el poder, surgida en el año 2,000 fue una parodia que, más allá de la burla, enquistó a la misma casta de truhanes y de ella surgió el más terrible pesimismo acerca de la participación ciudadana. Recordemos que dicha variación de partidos se debió a la crisis socioeconómica de 1994. Tras 12 años de idéntica farsa democrática y terrible corrupción, se regresó al lóbrego teatro original y se completó la tríada de saqueos y matanzas.

Fue entonces cuando "A la hora de las sombras subterráneas la blasfemia reclamó sus derechos" y el blasfemo lleva hoy la carroza, gritando: "¡Arriba! ¡Subid todos!, ¡Vamos hacia el infierno!" llevando su ritmo y su blasfemia de cochero y cantando: "Esta es mi copla, la copla de mi carne, la copla de mi cuerpo. Mas si mis ojos están sucios los vuestros están ciegos…" "Mas si mi reino está podrido, su espíritu es eterno". "Ésta es la copla de mi alma sin templo porque la bestia negra apocalíptica, lo ha llenado de estiércol". Ese estiércol pestilente ha inundado México y se extendido por todo el mundo, ha demacrado el rostro nacional y enquista intereses espurios, públicos y privados.

Continúa León Felipe cuestionando: "Dejadme preguntar: ¿Quién ha roto la luna del espejo? ¿Quién ha sido? ¿La piedra de la huelga, la pistola del gánster, o el tapón del champán que disparó el banquero? ¿Quién ha sido? ¿la vara del juez, el báculo o el cetro? ¿Quién ha sido? ¿Nadie sabe quién ha sido?" Hoy en México todos culpan al otro sin aceptar su responsabilidad y, sin embargo, existen complicidad y participación en lo ilícito. Es lamentable para nuestra patria tener que acusar a quien debería haber sacado a los pobres de la miseria; enriqueciéndose personalmente con los fondos sociales; o al máximo jefe policiaco por colusión con los delincuentes; y más aún, que expresidentes puedan estar involucrados. Es triste que quienes debieran protegernos del frío y la criminalidad son los promotores de esos males; entonces toda confianza se pierde; no es creíble que ellos desconocieran las complicidades que costaron más de cien mil vidas y mantienen a millones en la miseria. Peor es insultarnos al tratar de timar nuestra inteligencia al declararse inocentes, perseguidos y hasta presos políticos, cobijados por el cinismo de sus copartidarios.

Ciertamente no hay certeza absoluta de la culpabilidad de los hoy supuestamente implicados del altísimo nivel; pero ciertos indicios no pueden descuidarse, como su urgencia por felicitar al actual ejecutivo, habiéndolo denostado duramente horas antes; o buscar regresar al poder y al juego que da impunidad, rompiendo estrepitosamente con el partido que le dio cobijo y poder e intentar crear otro, apoyándose del presidente del INE al que deberá también seguírsele de cerca. Es triste percatarse que el ADN del PRI, del PAN y del resto de los partidos es idéntico y se inocula a organismos "autónomos".

Por ello comprendemos mejor la copla de León Felipe: "Y ahora tenemos que ir al cielo dando un gran rodeo por el camino del infierno, cavando un largo túnel en el suelo". Esto es porque en esta jungla del soborno, del reino de la impunidad en el que se nos ha obligado a habitar, es indispensable luchar cada día por tener un poco de paz y honorabilidad. Por ello compartimos su credo: "Con él entraremos por la puerta norte y saldremos por el postigo del infierno. El infierno no es un fin, es un medio… Nos salvaremos por el fuego. Y no es un fuego eterno. Pero es, como las lágrimas, un elevado precio que hay que pagarle a Dios, sin bulas ni descuentos, para entrar en el reino de la luz, en el reino de los hombres, en el reino de los héroes, en el reino que vosotros habéis llamado siempre el reino beatífico del cielo. ¡Vamos allá! ¡Arre! ¡Arre! ¡Y se gana la luz desde el infierno!"

Mejor sería concluir con González Bocanegra: "Que en el cielo tu eterno destino, por el dedo de Dios se escribió".

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