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EDITORIAL

Cien años sin Ángeles

Metáfora ciudadana

LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ
sábado 23 de noviembre 2019, actualizada 8:02 am


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"Mi muerte hará más bien a la causa democráticaque todas las gestiones de mi vida.La sangre de los mártires fecundiza las buenas causas".

26 de noviembre de 1919, Chihuahua, Chih. un gran mexicano es asesinado por órdenes de Carranza quien en abril ordenó lo mismo para Zapata. Tocaba el turno a Felipe Ángeles, figura ausente de la historiografía oficial de la revolución mexicana. Seis meses después Carranza sufriría idéntica suerte. Más luego fue bendecido por Obregón (su asesino) y más tarde por el despótico priismo que necesitaba semidioses para legalizar su dictadura con una base legal, la constitución de 1917, promulgada por Carranza.

Carranza quien conocía y envidiaba las virtudes intelectuales de Ángeles, seguramente se veía rebasado y había creado alrededor suyo una atmósfera favorable al servilismo y a las intrigas. Ángeles pregonaba: "como Sócrates 'Tengo mi alma emancipada' ". Mantuvo su honestidad y si no escondió su ideología ni bajo el porfiriato, menos lo haría en el corrupto neoporfirismo. Docente y director del Colegio Militar, escribió tratados acerca de balística y de artillería. Llamado "una universidad ambulante"; existen testimonios sobre la imagen de un Ángeles siempre con un libro en la mano, meditando y aprovechando toda oportunidad para hacer una plática con una persona preparada. Comentarios suyos de sobremesa hacían reflexionar "hasta las lágrimas" a sus amigos.

"Lo que necesitamos es educación, en toda la extensión y fuerza del término; para dar vigor al cuerpo, luz a la inteligencia, bondad al alma; para que podamos trabajar armoniosamente dando garantías a todas las vidas y a todos los intereses, amando a todos los mexicanos como hermanos, olvidando los errores de todos". (1917)

Durante su injusto juicio, muy parecido al de Sócrates expresó: "yo he enseñado como maestro que he sido toda mi vida. Yo he predicado la igualdad social, y nada más desastroso que ver esas desigualdades; los unos trabajan y no comen; otros se mueren de tanto comer".

La actitud hostil de Carranza hacia los maderistas incluía, lógicamente, a Ángeles, aquel desprecio del viejo porfirista a la memoria del presidente asesinado, quien era para Ángeles intocable. El glacial agradecimiento del nombramiento de general de brigada tras las batallas de Torreón y San Pedro, que Ángeles despreció, así como su público comentario de que: "el primer jefe" está traicionando el espíritu de la revolución y, con ello, al pueblo mismo; con su actitud de déspota rechaza a quienes no estamos dispuestos a servir sus fines personalistas; él está encaminando la revolución hacia una nueva dictadura". "Yo soy el culpable de haberle dicho a Carranza su miseria moral, su envidia, su falta de patriotismo, su ambición, su despotismo". Más aún, en Estados Unidos se veía a Ángeles como el mejor candidato a la presidencia interina en 1915. Todo esto era algo que, ciertamente, Carranza no le podría perdonar por eso envió el mensaje secreto de que se le fusilara a toda costa.

En su reflexión ética, mantiene infinita fe en la misión social del ejército, en una democracia humanitaria impregnada en el amor a los "pobres", a los "humildes.', a los "desheredados", por ello empuña las armas en defensa de una causa justa, convencido de que utiliza medios forzosamente justos para salvar al pueblo de cualquier tipo de dictadura.

Su pensamiento humanístico puede palparse en las siguientes frases de sus documentos: "En la educación de nosotros falta lo principal: principios sólidos para la vida, educación interior, que es lo que hace a los hombres grandes". "Los revolucionarios de 1913 no son culpables de su ignorancia, ni son culpables de haberse lanzado a la lucha. Los culpables de ambas cosas son los que, primero, gobernando un larguísimo periodo, descuidaron la educación del pueblo y después por recobrar el poder y privilegios perdidos, asesinaron a quien era amparo de sus intereses, provocaron la cólera del pueblo". "La democracia también consiste en que cada uno se baste a sí mismo para que, en unión de los demás, pueda ser libre y, por tanto, disponer de libertad en su gobierno, en sus hechos, en su vida propia".

Su creencia en la democracia la expresa cuando después de la convención de Aguascalientes escribe: 'No quiero un gobierno de personas amigas nuestras, sino de personas realmente elegidas por el pueblo, aunque sean enemigos míos". Expresa que un ejecutivo fuerte es la vía abierta al caudillismo, y "todo caudillo satisface naturalmente las condiciones de un dictador".

Su incesante "prédica" sobre la fraternidad, la conciliación, la compasión hacia los enemigos -especialmente hacia los prisioneros- "hermanos equivocados que muchas veces van forzados a la pelea sin discernir" Por ello nunca aceptó que Carranza restableciera la Ley Juárez, que dictaba pasar por las armas a los traidores a la Patria.

Sentimientos que le valieron muchas críticas de la "gente ilustrada" y que aún subsisten en nuestra sociedad para actitudes similares.

Ángeles representó en su momento, el sentimiento de los revolucionarios que solamente pensaban en el pueblo y el bien común; por ello enfrentó al tirano Venustiano Carranza, a los ambiciosos Obregón y secuaces y lo que quedaba de la dictadura porfirista que buscaban imponer sus depravadas condiciones al país. Su compromiso era con la democracia y con los mexicanos.

Este martes próximo se cumplen cien años de su asesinato y seguimos bregando por la democracia y la justicia; recordándolo cuando sentenció: "El engrandecimiento material deriva del engrandecimiento moral, y no al revés".

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