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Cultura

Las manos que fabrican penachos

Everardo Guerra tiene más de 10 años fabricando todo tipo de penachos

SAÚL RODRÍGUEZ/ EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, sábado 16 de noviembre 2019, actualizada 10:40 am

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Desde los siete años de edad, Everardo Guerra gestó sus pasos en el mundo de la danza. Uno de sus ejemplos a seguir fue su hermano Gastón, quien danzaba con un grupo en la plaza de San Juanito, en el barrio de San Joaquín. Con el ritmo de la tradición y el estruendo de la tambora, comenzó a profesar devoción hacia sus santos: San Judas Tadeo, San Juan Bautista, la Virgen de San Juan y la Virgen de Guadalupe.

Así creció, envuelto en una nahuilla, en esas peregrinaciones donde el guaje sonoriza el andar del tiempo. Entonces, su mirada se dirigió al plumaje que adornaba las cabezas de los danzantes. Ése fue el preámbulo para que Everardo encontrara, desde hace 10 años, un oficio donde proyectar la magia que emanaba de sus manos: la fabricación de penachos.

"La danza significa alabar a Dios y a todos los santos. Eso es para mí el significado: tener fe en todos ellos […] La fe es muy importante ahorita y más como están las cosas. Hay que unirnos a la fe y a danzar con devoción. Para eso danzamos, para pedir y dar gracias por todos los favores que recibimos".

Lalo, como también es conocido en el barrio, abre el mundo de sus creaciones en una gélida mañana de noviembre. Hospitalario, recibe en su domicilio, ubicado en la colonia San Carlos (en el sector de San Joaquín, al poniente de Torreón). En la sala adorna el plumaje; penachos multicolores rompen con el gris del día.

Durante su infancia siempre prestó atención a ese mosaico del folclor lagunero y empezó su oficio trasladándose a rancherías cercanas para, con sus propias manos, quitarle las plumas a los guajolotes. Ahora las plumas se las mandan pintadas desde Estados Unidos.

"Antes los hacía a la brava, siempre 'vamos a hacerlo así'. Eran para nosotros, '¡pues órale, pues!'. Con el tiempo se fueron facilitando que la manta, que ponle esto y esto. Ahora sí quedan un poquito más de lujo".

Lalo exporta la mayoría de su trabajo a Estados Unidos pues, a través de estos objetos, muchos paisanos sienten más cercana su tierra. También distribuye en ciudades como Zacatecas, Fresnillo, San Luis Potosí, Monterrey y Ciudad Juárez. Igual que la manera de hablar, cada región tiene su propia clase de penacho.

"Cuando haces una cosa por ti, es mucho mejor, porque sabes que te estás esforzando para hacer las cosas y entonces las tienes que cuidar".

Aunque la elaboración de penachos es el trabajo que más le retribuye, en el taller de Lalo también se fabrican nahuillas, arcos, guajes, huaraches y tamboras.

PENACHO DE MATLACHIN

Después de hacer su pedido, Lalo recibe las plumas ya pintadas. El primer paso es clasificar la pluma por calidad y tamaño. A continuación toma un sincho de lámina y lo envuelve en manta. Con un picahielo atraviesa la tela y coloca plumas según su tamaño. Así se constituye una "palma". En total requiere siete palmas para incrustarlas en un cartón laminado y así formar un penacho de matlachin.

"Es pluma de cocono. Se le llama 'de escobeta' a la pluma. Trae su base de cartón y trae su gorro […] A la pluma la apartamos por tamaños; lo que es la primera palma, la segunda y la tercera. Vienen los kilos de pluma y ahí vienen muchos tamaños, hay que apartarla".

Lalo menciona que, teniendo los trabajadores necesarios, se pueden fabricar hasta dos penachos diarios, inclusive tres. Una sola persona puede acabar uno o uno y medio por día, esto por jornada completa.

Pero toda tradición también deja sus huellas en la piel del artesano. Lalo ha experimentado ampollas, cortaduras, callos y más heridas del oficio.

"Con el sincho te puedes cortar, en el cartón te salen ampollas. Piensan que está muy fácil y no, no es fácil. Simplemente para estar consiguiendo las cosas tienes que andar en friega. O que andes pegando la pluma y se te quiebra, pues hay que tirarla".

El sonido del ferrocarril ambienta la plática, Lalo se dirige a sus creaciones y menciona que vende sus penachos en mil 200 pesos por pieza, aproximadamente.

"Yo no me quiero dejar caer de las danzas, yo quiero que sigamos danzando. Y más por todo lo que hay, por todos los problemas. Pedir a Dios que nos ayude a salir de los problemas, de la inseguridad. Salir de todo eso".

El artesano también es líder del Grupo de danza San Joaquín, cuyos penachos pintados de verde, blanco y negro, se fabricaron en su taller. Esta agrupación también estará participando el día de mañana en la tradicional Bendición de las Nahuillas.

"El domingo empieza la bendición de las danzas y esperemos que todo salga bien. Van a haber muchísimas danzas de muchos ejidos, vienen de Durango y una de Monterrey, creo. Y pues de todo Torreón, Gómez, Lerdo, San Pedro, muchas danzas. A la una va a empezar la bendición de las danzas".

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