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1918: Ve la última luz Saturnino Herrán, destacado pintor mexicano de la denominada fase del indigenismo

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AGENCIAS
CIUDAD DE MÉXICO, martes 08 de octubre 2019, actualizada 10:01 am

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El pintor mexicano Saturnino Herrán, nacido en Aguascalientes el 9 de julio de 1887, fue hijo del escritor y dramaturgo José Herrán y Bolado, y de Josefa Guinchard, según informa el sitio en línea del gobierno de Aguascalientes aguascalientes.gob.mx.

Estudió en el Colegio de San Francisco Javier en Aguascalientes y desde muy niño mostró preferencia por las artes, las cuales conoció en la entonces única biblioteca de la ciudad, la cual era de su padre.

En 1901 cursó sus estudios de preparatoria en el Instituto de Ciencias de Aguascalientes, donde conoció a Ramón López Velarde (1888-1921) y Enrique Fernández Ledesma (1888-1939). Ahí, continuó desarrollando sus habilidades como dibujante bajo la tutela del paisajista José Inés Tovilla.

Tras la muerte de su padre en 1903 y aunado a una mala situación económica, él y su madre viajaron a la Ciudad de México, donde consiguió empleo en las oficinas de Telégrafos Nacionales, al tiempo que se inscribió a los cursos nocturnos de la Escuela de Bellas Artes.

En 1904 ingresó formalmente a clases superiores de dibujo, en desnudo y modelo vestido, en la Academia de San Carlos, bajo las enseñanzas del maestro Antonio Fabrés (1854-1936).

Durante ese periodo se concentró en el dibujo artístico, y su talento se hizo más visible, lo que le permitió el reconocimiento y apoyo de la escuela. En 1907 ya se le veía realizando diversos trabajos como dibujante del Museo Nacional.

A partir de 1908 y hasta 1911, el pintor pasó por un periodo que los especialistas llaman como de “consolidación”. En este periodo se pueden ver en sus obras, la influencia de maestros como Germán Gedovius (1867-1937).

Labor, firmada en 1908, marcó el arranque de la producción pictórica del artista, que se caracterizaba por su resaltar meticulosamente el desarrollo de las formas humanas, especialmente los rostros contrastantes de jóvenes y viejos.

En 1909 fue nombrado profesor interino de dibujo en la Academia de Bellas Artes y realizó las pinturas Molino de vidrio, Vendedoras de ollas y La leyenda de los volcanes.

Durante la Revolución Mexicana en 1910 y pese a la inestabilidad económica y política, el pintor continuó con sus trabajos, casi en la clandestinidad y el anonimato.

Ya para 1914, el artista, vivió lo que los especialistas del arte denominaron, como “sus mejores años”; en 1915 impartió clases de dibujo como maestro titular de la Escuela Nacional de Maestros, al tiempo que la Escuela Nacional de Bellas Artes lo nombró profesor titular de la cátedra de dibujo al desnudo.

Ambos cargos eran desempeñados por el pintor sin descuidar su producción personal, ya que de ese año datan sus cuadros Herlinda y su colección de Criollas.

La obra maestra de Herrán habría sido el tríptico Nuestros dioses que sería parte de un friso en el Teatro Nacional, hoy el Palacio de Bellas Artes, y que entonces se encontraba en construcción, según información del sitio en línea www.laberintos.com.mx.

Durante varios años, Saturnino Herrán se dedicó a perfeccionar la pieza hasta que en octubre de 1918, su salud empeoró por un mal gástrico que le impedía ingerir alimentos, y aunque fue intervenido el día 2, murió el 8 de octubre a la edad de 31 años.

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