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Cultura

Notre Dame, símbolo histórico de Francia

La catedral de Notre Dame tiene un importante legado cultural

DANIELA RAMÍREZ Y ROBERTO CARSON
TORREÓN, martes 16 de abril 2019, actualizada 8:59 am

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La catedral de Notre Dame de París, una joya arquitectónica y una de las edificaciones más populares del mundo, tiene un peso importante en la mayoría de las artes, a las cuales ha servido de inspiración, por lo que escritores, cineastas y artistas en general, la han usado de referente para crear.

Por ejemplo en la literatura, fue el poeta, dramaturgo y novelista romántico francés, Víctor Hugo quien la hizo parte de uno de sus novelas. "La Catedral de Nuestra Señora de París", fue publicada en 1831 y es la más célebre novela del romanticismo. La catedral es la parte central de está novela gótica, un símbolo que al escritor le sirvió de inspiración y que incluso contrapuso ante los personajes principales, dejando que el edificio hablará por sí solo durante el texto.

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"Aún es hoy, sin duda un edificio sublime y majestuoso la iglesia de Nuestra Señora de París, más por magnifico que se conserve en su vetustez, nos indignan las infinitas degradaciones y mutilaciones, que simultáneamente el tiempo y los hombres han infringido al venerable monumento", dijo Víctor Hugo en su majestuosa obra, la Catedral de Nuestra Señora de París, como si el prolífico escritor predijera una tragedia como la ocurrida el día de ayer.

Diversos expertos señalan que ésta fue la obra más oscura de Víctor Hugo, donde las formas retorcidas del autor y los ahorcamientos, suplican no solo la corte de los milagros, que es uno de los mejores pasajes de la novela, sino todo París y por lo tanto toda la trama, sino es además una tragedia medieval.

"Nuestra Señora de París" ha dado lugar a numerosos libretos de ópera y a varias versiones cinematográficas.

Cabe mencionar que cuando Víctor Hugo publicó su famosa novela también conocida como "El jorobado de Notre Dame", en aquella época, la estructura estaba en deterioro y había caído en el olvido. Luego del éxito que tuvo la obra, Francia rescató la catedral y restauró su gloria.

Hasta su muerte, Víctor Hugo fue una de las figuras tutelares de la recuperada república, así como una indiscutible referencia literaria.

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RECUERDO EN METRAJE

En enero de 2019, con el anuncio del lanzamiento de la plataforma de streaming de Disney, fueron publicados los planes para revivir en carne y hueso el clásico de la franquicia El Jorobado de Notre Dame, éxito basado en la obra de Víctor Hugo, Nuestra Señora de París. A pesar de la fuerza histórica del autor francés, fue el primero lo que plasmó al personaje de Quasimodo en el imaginario de chicos, grandes y sobre todo, al que inmortalizó a este gran escenario que durante la mañana de ayer acogió las llamas.

Precisamente fue la novela de Víctor Hugo que adoptó como escenario de la tragedia a esta obra arquitectónica y que fue llevada a la pantalla por primera vez en 1923, antes de que las películas tuvieran sonido, aunque en esta producción de Wallace Worsley y protagonizada por el ícono el cine mudo Lon Chaney, la catedral fue recreada desde Estados Unidos. Sería hasta 1939 cuando la segunda adaptación del libro llegaría hasta las faldas de este monumento de manufactura gótica.

El romance fue siempre un elemento inherente a la geografía de Notre Dame, recreando en 1937 una historia de amor bajo la dirección de Ernst Lubitsch y el añorado talento de la alemana Marlene Dietrich, personaje que se enamora sin remedio de un parisino.

CON ALMA MEXICANA

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En febrero de 1931, los diarios de París cubrieron la noticia sobre la muerte de una mujer bajo el techo de la catedral.

Antonieta Rivas Mercado decidió disparar una pistola justo en su corazón. La mexicana, quien estaba por cumplir 31 años, era hija del arquitecto y escultor Antonio Rivas Mercado, persona detrás de los diseños del Ángel de la Independencia, por lo que su hija creció en un ambiente artístico y bohemio.

Muchas han sido las versiones que la llevaron a tomar esta decisión, entre ellas la idea romántica de un desamor con José Vasconcelos, una terrible depresión tras la muerte de su padre, arquitecto predilecto del porfiriato y la anécdota que la ligaba a una relación con un artista homosexual.

Pero la verdad es que Antonieta trascendió como una hija que maduró en un ambiente familiar que le exigió otro nivel de compromiso, esto sumado a su desarrollo dentro de las arte.

Cierto es que huyó a país en matrimonio de Albert Blair, un inglés amigo de sus hermanos y con quien enfrentaría una cansadísima disputa por la custodia de su hijo. La otra verdad es que la época no fue amable con Antonieta, su memoria quedó remitida a amores pasajeros, cuando no fue así.

Tras la noticia del incendio y la revisitada muerte de Rivas Mercado, escritoras contemporáneas, como Alma Delia Murillo, recuerdan a una artista encima de todas las otras etiquetas, una mujer que transitó los frustrados pasajes de su momento en la historia.

"Hay que leer directamente su diario, epistolario y su obra: entender su vida, sus batallas interiores, sus frustraciones artísticas y políticas. Antonieta era inmensa: brillante escritora, actriz, politóloga, mecenas, y alma dolorosa.", plasmó en sus redes sociales.

Tras la muerte de su padre, la mexicana usó parte de su herencia para financiar el trabajo de quienes sí era posible desarrollarse en la música o en el arte, de ahí, mientras sufría por una enfermedad, Miguel Rodríguez Lozano y Carlos Chávez, entre otros, vieron el despegue de sus carreras.

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