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EDITORIAL

Poder: límite y horizonte

Sobreaviso

RENÉ DELGADO
sábado 06 de abril 2019, actualizada 9:12 am


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Más pronto que tarde –y, ojalá, pronto no sea tarde– terminará por fijarse el límite y horizonte del poder presidencial, como también el estilo de su ejercicio.

En estos días, comoquiera, la realidad replantea la pregunta: ¿quién manda aquí?

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Recobra vigor la interrogante porque, ante algunos desafíos, el Ejecutivo hace gala -no exenta de sorna- del ejercicio del poder, así como del dominio y control de su fuerza. Empero, ante otros retos, sonríe, adelgaza el postulado de su conducta y resbala el ejercicio del poder, sin reconocer falta de fuerza y estrategia para hacerlo valer.

En ambos casos muestra instinto político, pero el contraste revela una doble vara: un horizonte y un límite que no acaban de establecer sus coordenadas.

En los últimos días, el mandatario se ha topado con factores internos y externos de poder que, aun sin la legitimidad ni autoridad política y social del suyo, le disputan el mando y no queda claro cuál y cuándo será el desenlace del litigio.

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Aún antes de asumir la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador estableció que, aquí, ya en el puesto y sin reparar en el costo, él ejercería el mando.

El video-mensaje con que el entonces presidente electo quiso disipar, el 30 de octubre, cualquier duda al respecto fue elocuente. A fin de revestir la decisión de cancelar el nuevo aeropuerto en Texcoco con la consulta popular y de legitimar el combate a la corrupción y la impunidad, amparado en una escenografía que incluía, como quien no quiere la cosa, la exhibición del libro ¿Quién manda aquí?, López Obrador asentó que, aquí, mandaría él.

No otra cosa supuso expresar con símbolos y signos: "Yo no voy a ser florero. No estoy de adorno. Yo traigo un mandato de los mexicanos". El presidente electo anticipaba que, como presidente constitucional, no sería más -según su propio dicho- el payaso de las cachetadas.

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Hay una distancia entre el candidato presidencial, el presidente electo y el presidente constitucional. Encarnar esas investiduras sin calibrar su duración y condición no siempre es fácil. Menos, cuando se goza de fuerte respaldo popular y ánimo social y cuando se sucede a quienes, en el fondo, ejercieron el no poder y hundieron su mandato en la negligencia y la corrupción.

No es fácil, pero es menester reconocer los tramos de ese recorrido como también la variación de las fuentes del poder propio y ajeno, porque ahí se juega la posibilidad de ejercerlo desde la Presidencia, con noción, mesura, equilibrio... y resultados memorables. Históricos, si se prefiere.

En estos días, el Ejecutivo afronta la urgencia de reconocer los linderos de su poder porque, pese al deseo y en más de un campo, factores internos y externos comienzan a disputarle la agenda, el ritmo y el calendario de las prioridades a atender que, hasta ahora y pese a algunos tropiezos, él consideraba bajo su control y dominio.

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En el campo de la política educativa, financiera, migratoria, antidrogas, comercial, laboral y criminal inciden factores de poder distintos al presidencial.

La política educativa, en particular la aprobación de la reforma de la reforma en esa materia, no depende sólo del Ejecutivo como tampoco de la mayoría parlamentaria en el Congreso, sino también de la minoría magisterial disidente que desafía la capacidad de negociación y acuerdo del Ejecutivo no sólo con esa porción del magisterio, sino también con la oposición parlamentaria que, con su propia propuesta, complementa y equilibra la oficial. ¿Con quién terminará por aliarse el Ejecutivo, a quién terminará haciendo concesiones?

La política financiera está atada a la captación y generación de recursos. Sin ello y aun con austeridad, es muy difícil desplegar planes y políticas. Recortar o endeudar no es salida y, entonces, ahí manda la realidad.

A la política migratoria, comercial y antidrogas la presiona, por decir lo menos, Donald Trump. Rehabilitado, el mandatario estadounidense no escatima tweet o pretexto para practicar la diplomacia del chantaje y animar a costa de México su campaña reeleccionista: se detiene la migración y se combate mejor el narcotráfico o se frena el comercio. De este lado, el mutis se ha adoptado como la mejor estrategia, quizá lo sea, pero no se advierte una postura clara ni firme.

El ritmo de la aprobación de la reforma laboral en México lo fija la lideresa de la Cámara de Representantes en Estados Unidos, Nancy Pelosi: si no se resuelve aquella, ni por qué pensar en ratificar el nuevo tratado de comercio. Así, aun cuando en febrero se realizaron las audiencias públicas para elaborar y dictaminar la reforma, ahora es cuando hay prisa por aprobarla.

A la política de seguridad la presiona el crimen. Puede, como lo hacía Pedro Aspe con la inflación, resaltarse cuántos homicidios menos hubo este o aquel día, pero cuando el crimen hace alarde de su osadía, estallando coches bomba, quemando lotes de autos, levantando policías, efectuando asaltos millonarios en un tris... las décimas del porcentaje se borran. Y, entonces, resurge la duda sobre la militarización disfrazada de la seguridad. ¿Qué poder dicta la política en esa materia: el criminal, el civil, el militar?

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Más allá de la voluntad, urge ajustar el límite y el horizonte del poder presidencial. Sumar aliados, en vez de restarlos. Restar adversarios, en vez de complacerlos. Esta vez, como el propio López Obrador reiteradamente ha dicho, el Presidente no puede fallar.

APUNTES

Si los cuadros de Morena van a emular a los del Partido de la Revolución Democrática, alentando la creación de tribus caníbales, sin duda, no harán historia, sólo van a repetirla.

sobreaviso12@gmail.com
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