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Internacional

Agua, la batalla por el 'oro líquido'

La demanda irá en aumento en las próximas décadas, lo que podría disparar los conflictos por el control del agua potable entre algunos países fronterizos

AGENCIAS
MADRID, ESPAÑA, domingo 17 de marzo 2019, actualizada 10:35 am

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La progresiva escasez de agua dulce podría desencadenar a mediano y largo plazo una serie de catástrofes sociales y ambientales en diversas partes del mundo, advierte expertos. A pesar de que el volumen del líquido se mantiene estable en el planeta, las cantidades de agua limpia son cada vez más reducidas como consecuencia de la intervención humana y los efectos del cambio climático.

La demanda irá en aumento en las próximas décadas, lo que podría disparar los conflictos por el control del agua potable entre algunos países fronterizos. A pesar de la agenda de Naciones Unidas para atajar el problema, se estima que para 2030 más de la mitad de la población mundial tendrá problemas para acceder al agua limpia, convirtiendo este recurso vital en el oro líquido del futuro, lo que podría incrementar las disputas por su dominio a nivel internacional. Un 10% de las muertes de menores de cinco años se debe a la carencia de agua en el mundo, según organizaciones humanitarias. Más de 800 mil personas fallecen cada año por diarreas al ingerir agua no potable o por falta de higiene y de instalaciones sanitarias adecuadas, resalta Ayuda en Acción.

Ocho de cada 10 personas que no tienen acceso a agua potable viven en zonas rurales, fundamentalmente en África subsahariana y Asia. Por lo general, ellas son las responsables de buscar agua en fuentes que se encuentran lejos de su hogar, en ocasiones a varios kilómetros. La sobreexplotación de ríos y acuíferos es una de las principales causas de la escasez, agravada por el calentamiento global que altera el ciclo de lluvias, desplazando las precipitaciones y alterando su frecuencia.

La agricultura representa 70 % del total de las extracciones de agua dulce en el mundo, porcentaje que en los países menos desarrollados supera 90 %, según estudios de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

También la contaminación provoca una merma importante del agua utilizable. "La contaminación se puede deber a varios factores, entre ellos la intrusión marina, la actividad agrícola basada en abonos y productos fitosanitarios (plaguicidas) y la actividad minera, que utiliza productos químicos no orgánicos", señala a EL UNIVERSAL Santiago Martín Barajas, coordinador del área Agua de Ecologistas en Acción. "Debido a la actividad humana muchas aguas quedan inservibles, por lo que de nada sirve que tengamos el mismo volumen de agua a nivel planetario si en buena parte no la podemos usar por falta de calidad o porque está inutilizada", agrega.

Los países europeos usan de media 130 litros de agua al día por persona, lo que contrasta con las carencias de muchos países en desarrollo que consumen entre dos y cinco litros diarios por persona. La escasez del líquido también está relacionada con la mala salud de ecosistemas como los humedales, que juegan un papel determinante a nivel planetario en la regeneración de agua dulce. Expertos alertan que en el último siglo ha desaparecido 64 % de estos espacios naturales. Los humedales no solo constituyen un refugio para muchas especies, sino que actúan como filtradores naturales de agua, aportando gran parte del agua dulce.

Según la Fundación Aquae, los humedales se extinguen a un ritmo tres veces más rápido que los bosques, víctimas del desarrollo urbano, agrícola e industrial, entre otros. Menos de 3 % del agua del planeta es dulce y gran parte está congelada, destaca Mikel de Pablo, responsable de proyectos de Fundación Aquae.

"Si tenemos en cuenta que cada persona necesita, como mínimo, entre 20 y 50 litros de agua al día para sus necesidades básicas, seremos conscientes del enorme valor de los humedales, que proporcionan el agua que necesitamos y ayudan a rellenar los acuíferos subterráneos que constituyen una fuente importante de agua dulce", agrega.

La falta de acceso al agua dulce no solo genera padecimientos, muertes o crisis humanitarias, también es el origen de numerosos conflictos a nivel mundial, con el cambio climático potenciando la desestabilización en las zonas más afectadas. En las regiones en las que disminuyen las lluvias "el riesgo de que los conflictos menores crezcan para convertirse en guerras a gran escala se duplica al año siguiente", según un estudio de la Universidad de Columbia. "El que manda en términos fácticos es el que hay aguas arriba del río, lo que muchas veces es un problema para los ribereños que viven más abajo", indica Martín Barajas.

FOCO DE COLISIÓN EN LATINOAMÉRICA

En América Latina algunos ríos y acuíferos fronterizos son materia permanente de litigio entre países de la región. Mientras Bolivia y Chile se disputan el río Silala, la extensa reserva de agua dulce de Guaraní constituye un potencial foco de colisión entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. En Medio Oriente, el problema del agua es uno de los más importantes para explicar el conflicto entre Israel y Palestina. El Estado judío necesita controlar las fuentes de abastecimiento del río Jordán y los acuíferos de las zonas palestinas de Gaza y Cisjordania, debido a las escasas precipitaciones en la región.

Turquía, Siria e Irak mantienen disputas en torno a las cuencas de los ríos Tigris y Éufrates. La presa turca de Ataturk, uno de los embalses más grandes del mundo, permite al país otomano producir bastante energía. Esta obra es fuente de conflictos con Siria e Irak por la disminución de caudal que provoca.

En África, la cuenca del río Zambeze también es motivo de tensión entre Zambia, el Congo, Angola, Namibia y Zimbabue, que compiten por la gestión de sus aguas, lo que origina fuertes enfrentamientos.

El más reciente conflicto por el agua en el continente africano involucra a Egipto y Etiopía. Este último país busca paliar su déficit de energía mediante la construcción de una enorme represa que entraría en funcionamiento en 2020 y que mermará el caudal del río Nilo, afectando el suministro de agua dulce de Egipto.

"El escenario a medio y largo plazo es que las catástrofes sociales y ambientales por la falta de agua van a provocar no solo conflictos entre países, sino desplazamientos masivos de poblaciones, con consecuencias negativas, sobre todo para los más pobres", dice Barajas. Además de la lucha contra el cambio climático, la gestión eficaz y sostenible del agua, la rehabilitación de los sistemas de agua potable son alternativas que proponen los expertos para evitar que el líquido pase a ser un bien en peligro de extinción.

'Lo que eran Dunas, es mar'

El Delta del río Ebro es un claro ejemplo del deterioro ambiental que sufre España como consecuencia, sobre todo, del cambio climático y la mala gestión del agua, cada vez más escasa.

El río Ebro, que surca el noreste de la península ibérica, está sometido a la sobreexplotación a lo largo de su trayecto, por lo que llega exhausto a su desembocadura en el Mediterráneo, lo que degrada el ecosistema y perjudica a los arrozales de la zona. La contaminación también amenaza el modo de vida de los pobladores de esta región que está herida de muerte, porque con excesiva frecuencia el mar se adentra en el río salinizando las aguas del delta.

Marcela Otamendi, propietaria de arrozales y de un restaurante en el Delta del Ebro, es una de las afectadas por la corrupción del entorno acuático que durante años ha procurado el sustento de buena parte de sus más de 60 mil residentes. "Si seguimos así, estamos condenados a desaparecer. Es una pena porque somos la tercera zona húmeda más importante de Europa y ésta es una región privilegiada", dice a EL UNIVERSAL. Durante varios meses al año, el mar penetra en el Ebro y se estaciona el agua salada entre 12 y 40 kilómetros tierra adentro.

"Todo lo que eran dunas y una vegetación extraordinaria ahora es mar, porque por el río no bajan sedimentos debido a la construcción de presas. El cambio climático y la compactación que va hundiendo el suelo contribuyen también a la regresión, por la que perdemos terreno", agrega.

Cuando hay temporal, el mar alcanza en ocasiones a las zonas de cultivo de arroz, lo que reduce la cosecha anual en 50 %, además de que el grano baja de calidad por la salinización del agua.

En época de tormentas las olas llegan a golpear la fachada del restaurante de Marcela, debido a que en las últimas décadas ha desaparecido la barrera de arenales y dunas que se extendía varios centenares de metros separando el mar de los asentamientos del interior. Lamenta que la autoridad no tome cartas en el asunto.

El problema es estructural, debido a que el Delta está retrocediendo entre cuatro y 15 metros anuales, y se está hundiendo entre uno y 3 milímetros al año por la falta de sedimentos y la actividad humana, indica Manolo Tomás, portavoz de la Plataforma de Afectados del Delta del Ebro.

"Hay una mala gestión del río Ebro que se está haciendo sobre la base de un millón de hectáreas de regadío y 200 embalses, en un proceso de cambio climático que hace que no llegue a la desembocadura el agua y los sedimentos necesarios para mantener la salud del Delta", relata. El humedal del Ebro no es un caso único. La situación en otras regiones es crítica por la mala gestión del agua, los trasvases fluviales, la construcción de presas, la sobreexplotación de los mantos acuíferos, la contaminación y el trastorno de los ecosistemas. Los expertos alertan que el cambio climático y la falta de agua afectan con intensidad a España.

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