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EDITORIAL

Deshumanizar

DAVID PÉREZ
miércoles 26 de diciembre 2018, actualizada 8:43 am


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Ante las tragedias se dan distintas reacciones. Algunas personas son capaces de ofrecer lo mejor de sí. Otras optan por dar preferencia a sus intereses personales o de su sector, y de esa forma sumar al proceso de deshumanizar. Es decir, ante la tragedia algunos siguen la lógica de aprovechar lo que sea para vencer, para derrotar, para pasar por encima. Sin importar los efectos.

Algunas reacciones a la muerte de Martha Érika Alonso y Rafael Moreno Valle han sido ocasión para constatar que cualquier cosa, hasta la tragedia humana, puede servir de arena para la disputa, se puede aprovechar la ocasión para golpear al rival e intentar hacerle el mayor daño posible.

Sin lugar para las especulaciones. Ya el hecho de hacer suposiciones sin conocimiento de las causas de los hechos sería poco deseable, sin embargo, ese nivel se supera. Apenas unos minutos después de la tragedia se señalan culpables, se identifica al asesino, se ubican a los cómplices. La persona o el colectivo que desee realiza una sentencia, no son necesarios los argumentos.

Deshumanizan por igual. Tanto quienes demandan justicia suponiendo que los hechos han sido provocados con intenciones políticas por quienes recientemente perdieron las elecciones en el estado de Puebla, como aquellos que, lamentan la muerte en un accidente y al mismo tiempo reclaman que no se olvide los señalamientos de corrupción de los difuntos.

El espectáculo mediático lo mismo ofrece villanos exaltados que humillados, hecha mano de víctimas para comercializarlas, ofrece el mismo espacio a quien lamenta la tragedia como a quien la celebra. Sin ningún tipo de censura se expone la vida privada de quienes experimentan la muerte de seres queridos.

Estas expresiones de deshumanización se hacen evidentes en las últimas horas a causa de la tragedia acontecida a dos personas que se desempeñaban en el ámbito político. Pero no es exclusivo de ese espacio. De la misma manera se deshumaniza al afirmar que todas las mujeres que defienden los derechos de su colectivo son "feminazis" o todos los hombres son el "enemigo".

Para qué la presunción de inocencia, para qué el debido proceso, para qué las instancias responsables de la investigación, en fin, para qué el Estado de derecho. Este abandono de las instituciones que diversos sectores de la sociedad realizan en acontecimientos y tragedias como estas puede leerse expresión de un largo proceso de involución social.

Se han dañado tanto las organizaciones básicas de la sociedad que la percepción del "sospechosismo" puede ser más fuerte que una investigación que demuestre la explicación de los hechos y, además, de cuenta de las garantías con las que se realizó el proceso. Se ha construido una duda irracional difícil que se naturaliza cada vez más. ¿Quiénes resultan beneficiados con tal estado de los asuntos públicos?, pregunta necesaria.

Con tal grado de deshumanización toda persona queda expuesta. Cualquiera pude ser el próximo villano o la siguiente víctima. Organizarse y convenir un sentido mínimo humano parece ser una tarea urgente, y al mismo tiempo, una práctica de supervivencia.

Twitter:@davidsecular
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