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Columnas la Laguna

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

ARMANDO CAMORRA
domingo 16 de diciembre 2018, actualizada 8:44 am


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"Mis amigos me dicen que me estás haciendo pendejo". Esa sonora reclamación le hizo el joven Coronato a su mujer Facilda al mes de casados. "No es cierto -negó ella-. Ya venías así". El niñito se abrazaba a la carroza funeraria y lloraba con llanto desgarrado al tiempo que decía: "¡Llévame contigo, papito! ¡Llévame contigo!". La gente lo miraba, conmovida. Y el niño seguía sollozando: "¡No me dejes, papá! ¡Llévame contigo!". De la carroza descendió el chofer y le habló con ternura al pequeñín: "Ya te dije que no puedo llevarte, hijo. Estoy trabajando". Frente a una gran olla llena de huevos cocidos el chef del hotel le dijo con enojo al botones Babalucas: "La orden decía: '2 huevos duros para el 40', no '40 huevos duros para el 2'". Simpliciano, muchacho candoroso, casó con Pirulina, mujer que había recorrido todos los caminos de la vida. A los tres meses del matrimonio ella dio a luz un robusto bebé. El ingenuo mancebo le dijo a la flamante madre: "Entiendo que los niños tardan nueve meses en nacer". Repuso Pirulina: "No hay problema. Si así lo quieres en el próximo me tardaré más". El padre Arsilio estaba confesando a Dulcibel. Le preguntó: "Tu novio y tú ¿sienten las tentaciones de la carne?". "Sí, padre" -reconoció ella. Inquirió el buen sacerdote: "Y ¿qué hacen para evitar esas tentaciones?". Contestó Dulcibel: "Caemos en ellas y se nos pasan". La novel actricita estaba en el piso de soltero de C. O. Gelón, famoso productor de cine. Le preguntó: "¿Cree usted, señor Gelón, que tengo alguna posibilidad de aparecer en su próxima película?". "Claro que sí, linda -replicó el lascivo sujeto-. Precisamente en este momento la posibilidad está creciendo". El vendedor de verdura iba en su carretón por la calle de cierta colonia popular. Una señora le preguntó: "¿Cuánto cuesta esta zanahoria?". Le informó el verdulero: "50 pesos". "¿50 pesos por una zanahoria? -se indignó la mujer-. ¡Métasela ya sabe dónde!". "No puedo, señora -replicó el sujeto-. Ya traigo ahí un pepino de 150". Llorosa, tribulada, la recién casada llamó por teléfono a su madre y le contó: "Pelerino llegó anoche muy tarde y con manchas de lápiz labial en la camisa. Para castigarlo me voy a ir a tu casa". "No seas tonta -le indicó la señora-. Si realmente quieres castigarlo yo me iré a la tuya". La paciente del doctor Ken Hosanna estaba algo llenita de carnes, pero tenía cuerpo apetecible. Grande fue la sorpresa de la chica cuando el facultativo, después de pedirle que se quitara "su ropita" y se tendiera en el mesa de exploraciones, empezó a darle fuertes chupetones por todas partes de su profusa anatomía. Le preguntó, inquieta: "¿Está usted seguro, doctor, de que así se hace la liposucción?". Tirilita tenía un perico. Y algo más tenía: un amigo con derecho a todo que la visitaba en su departamento. Ayer Tirilita se levantó temprano -serían las 7 de la mañana- y quitó el velo con que cubría por las noches la jaula del cotorro. A eso de los 8 sonó el timbre de la puerta. Quien llamaba era el amigo con derecho a todo. Tirilita no gustaba de que el loro viera lo que en seguida iba a suceder, de modo que antes de hacer pasar a su galán procedió a tapar de nuevo la jaula del perico. "¡Carajo! -exclamó éste, disgustado-. ¡Con la llegada del invierno los días se van acortando más y más!". Dos individuos estaban bebiendo en el lobby bar del hotel. Uno de ellos le dijo a su compañero: "Tómate la otra". "No -declinó el tipo-. Aquí hay mujeres. Ya me he bebido cuatro copas; si me tomo una más me voy a sentir un Romeo". "Tómatela -lo animó el amigo-. Yo ya me tomé seis y me estoy sintiendo una Julieta". FIN.

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