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SERGIO AGUAYO Miércoles 16 de may 2018, actualizada 9:04am ... Anterior El Siglo 9 de 9 Siguiente ... El Siglo

Los cinco y EU

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El próximo debate, sobre política exterior, se realizará después del veredicto estadounidense sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). ¿Explicarán sus políticas hacia la potencia?

Por ignorar el desenlace del TLCAN, dedico el texto a comentar un hecho: sabemos muchísimo sobre el comercio bilateral pero ignoramos casi todo sobre las relaciones en seguridad. Esa laxitud, deliberada, ha contribuido directa e indirectamente a la proliferación del crimen organizado. Un relato aleccionador es la interacción entre la Dirección Federal de Seguridad (DFS), el Buro Federal de Investigación (FBI), la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y Gustavo Díaz Ordaz.

En 1947, Miguel Alemán tomó al FBI como modelo para crear la DFS. Quien entrenó al primer grupo de agentes fue Rex Applegate, formado en la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) predecesora de la CIA. Aprovechándose de que nadie vigilaba lo que estaban haciendo el FBI y la CIA, dieron una capacitación incompleta a la principal policía política del régimen mexicano entre 1947 y 1985.

Entrenaron a la DFS para infiltrar, espiar y reprimir, pero jamás le enseñaron a transformar la información en inteligencia y sacaron a los Estados Unidos de su agenda de riesgos. La DFS era el músculo y la CIA el "cerebro". Con Gustavo Díaz Ordaz (presidente de México entre 1964 y 1970) la influencia de la CIA llegó a niveles sin precedente. El representante de la CIA en México era asiduo visitante de Los Pinos e informaba regularmente al presidente sobre lo que hacían los enemigos de su régimen y, cuando era necesario, colaboraba en su neutralización (el encarcelamiento de Víctor Rico Galán fue una operación DFS-CIA). La cercanía se facilitaba porque Díaz Ordaz cobraba mensualmente de la CIA, que lo tenía en la nómina, como "agente de apoyo de la estación de la CIA en México".

Las deficiencias de la DFS en el área de inteligencia -en particular la exclusión de Estados Unidos- impidieron a México detectar el golpazo brutal que asestó Richard Nixon a Díaz Ordaz en 1969. El 8 de septiembre se reunieron los dos presidentes y Nixon le dijo que pensaban hacer "algo sobre el problema de la droga". El 21 cerraron virtualmente la frontera y fue entonces cuando informaron a Díaz Ordaz, que si no colaboraba, publicarían "los nombres de veinte personalidades mexicanas involucradas en el narcotráfico". Según Gordon Liddy -funcionario de Nixon- la Operación Intercepción fue una "extorsión pura, simple y efectiva".

Díaz Ordaz cedió y México empezó a rociar los sembradíos de mariguana y amapola con herbicidas, instaló retenes y metió más militares a la erradicación manual de cultivos. Desde entonces, México aplica estrategias diseñadas en Washington y firma acuerdos que desconocemos. En ese submundo impera el desorden y la impunidad.

Los cinco candidatos presidenciales han evitado dar detalles sobre cuál sería su política hacia los Estados Unidos de Donald Trump. José Antonio Meade es la excepción, porque ha insistido en varias ocasiones sobre la necesidad de frenar las armas. La actitud de los cinco es absurda en estos momentos de la historia.

Del nuevo gobierno esperamos una estrategia integral que incluya, como pilares, la defensa de los mexicanos hostigados en los Estados Unidos y abandonados por México, mantener el comercio y repensar la estrategia contra el crimen organizado. Para todo ello debe mejorarse la generación de inteligencia sobre la potencia.

El debate del próximo domingo será en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Baja California y la ciudadanía formulará las preguntas. Es un acierto del INE. Espero interroguen a los cinco candidatos pidiendo los detalles sobre la manera en cómo defenderán a nuestros conciudadanos y si harían públicos los acuerdos y convenios sobre seguridad entre los dos países. He acumulado evidencia para asegurar que, en el último siglo, la ambigüedad y la opacidad han creado condiciones para el crecimiento de la delincuencia.

La mejor apuesta de México está en exigir públicamente a los Estados Unidos que acepte su corresponsabilidad sobre problemas compartidos. Para ello, el vencedor tendrá que sacudirse el servilismo para confrontar al "America First" con el "México va primero". Sería un refrendo actualizado de la declaración de independencia.

Twitter: @sergioaguayo

Colaboró Mónica Gabriela Maldonado Díaz


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