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Cómo se inventó

Puente de las Bubas, un viaje a las entrañas de Puebla

AGENCIAS Y EL SIGLO DE TORREÓN
PUEBLA, PUEBLA, jueves 07 de enero 2016, actualizada 11:10 am

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Impostergable al viajar a Puebla es visitar el Puente de Bubas, una obra que se erigió en tiempos de la fundación de la ciudad y que fue hallada y rehabilitada para que los habitantes y turistas la conozcan y revaloren.

Desde hace más de 300 años la ciudad resguarda pasajes que atesoran leyendas urbanas, historias familiares, recuerdos épicos y, en general, un legado histórico que forma parte de la identidad de los poblanos.

EL PUENTE

Este puente, al cual se ingresa por la calle 2 Oriente y Bulevar 5 de Mayo, tuvo varios nombres a lo largo de su historia. Inicialmente fue conocido como Puente de las Bubas por estar cerca del Hospital de Bubas (1682-1704).

Posteriormente, al establecerse en la calle inmediata el Cuartel de Dragones de la Guardia Virreinal se le conoció como Puente de los Soldados (1745), también a lo largo del siglo XVIII como Puente de Carrillo o de Apresa por el obraje de ambos apellidos.

Al establecerse el Mesón del Toro también se le conoció como Del Toro o de Torija, y ya en el siglo XIX se le conoció generalmente con cualquiera de esos tres nombres (Torija, del Toro o de Apresa).

De acuerdo a la comunidad Puebla Antigua, en 1856 tras aceptar la propuesta de un vecino se le oficializó el nombre de Puente de Motolinía en honor a uno de los fundadores de Puebla.

Este puente se encuentra bajo el bulevar 5 de Mayo y tras algunas excavaciones hechas en la última década del siglo XX se pudo constatar que en su mayoría se conserva.

UNIÓN

Este puente, sirvió para unir a la Puebla de los españoles y familias distinguidas que vivían a un lado del río con los poblanos indígenas que estaban asentados en el otro extremo del río, del lado de Analco, y quienes sostenían las labores primordiales de la Puebla de antaño.

RECORRIDO

Actualmente, la apertura de este puente es una gran oportunidad para que el público en general se sorprenda de las construcciones de antaño, de la riqueza patrimonial que posee la ciudad y que revaloren el lugar donde habitan.

El recorrido de 70 metros de la zona permite que el visitante conozca la arquitectura que sostiene a la ciudad moderna, pues con la ayuda de historiadores y restauradores especializados se logró mantener lo más parecido al original y que corresponde a los siglos XVI y XVII.

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